


Esta vez es el turno de una puerta doble que encontramos hace tiempo en el desván bajo una gruesa capa de polvo. Suponemos que en algún momento estuvo puesta en la casa y decidimos aprovechar la necesidad de una puerta para la habitación de invitados. Ni el hueco de la pared, ni las puertas cuadraban demasiado bien, y es que con las casas antiguas uno no debe contar con ángulos rectos. Las pobres puertas estaban además bastante deterioradas, pero con un poco de paciencia todo se arregla. Un picaporte oxidado de otra puerta de la época que también encontramos en el desván (sí, tenemos una buena colección de puertas viejas), mucho papel de lija, algo de masilla, clavos y pintura hemos conseguido una puerta única para ese cuarto. Y ya que estábamos puestos, porqué no pintar el suelo también? No paramos…
1 comentario:
Han quedado preciosas, la verdad... La habitación de invitados cada vez se pone más interesane... Y luego os quejaréis de recibir visitantes intermitentemente... Es que nos lo ponéis en bandeja.
Realmente bonita, sí señor.
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