domingo, 25 de octubre de 2009

Alcanzando al tiempo


Con gran ilusión y mucha paciencia hemos restaurado y puesto a punto el viejo reloj de pared que colgaba en la casa placentina de los bisabuelos paternos de Óliver. El abuelo nos ha recordado muchas veces como le daba cuerda junto a su padre, y por eso lo rescató ya hace tiempo. Más tarde pasó a nuestras manos y desde entonces lleva guardado en cajas, medio desmontado y con piezas sueltas que nadie sabía donde iban. Ahora por fin hemos analizado las entrañas del reloj, lleno de engranajes dormidos, para finalmente devolverle su pulso vital, haciendo sonar de nuevo el tica-tac analógico que vuelve a señalar el paso del tiempo. Otra vez se le da cuerda y vida a un viejo servidor que no sólo recuerda lo que es una hora, sino que además ahora es capaz de marcar mucho más. Y así, suena otra vez el mismo ding-dong que se escuchaba cada hora en casa de los bisabuelos de Óliver a principios del siglo pasado. Esta vez en un hogar de Suecia que ahora está un poco más cerca de Plasencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha producido una enorme y entrañable satisfacción ver en vuestra casa de Suecia el viejo reloj que, como una rutina ineludible, mi padre (el bisabuelo de Óliver) daba cuerda todos los días, muchas veces ayudado por mí.
Un montón de gracias por ello y por vuestro cariñoso y emotivo comentario.
Mi cariño latirá así también encerrado en la caja y el tic-tac del reloj.
El abuelo José Pedro