A Óliver
Ya se han quedado rotos mis sonetos
apresados en sus rimas estancas,
bellas rimas, algodones
en estuche mullido de bebé.
Porque tú has roto ya los límites impuestos
al abuelo poeta.
No hay más rimas, ni estrofas, ni sonetos,
no hay versos cuidadosamente encorsetados
por las reglas románticas de otros tiempos.
Tú has roto moldes que yo pensaba fijos.
Tú, Óliver, ensanchas ahora tus espacios,
destrozas las fronteras entre niño y bebé,
gritas tu libertad en palabras que saltan las paredes
y acorralan el aire del jardín.
Y cuando chapoteas,
cuando rompes el agua en mil pedazos
que se escapan, esquivos, de tus dedos,
cuando tiras las torres de juguetes
imaginando un poder
que sólo tiene en tus manos la inocencia,
¿ves?
te escapas ya del límite acotado de los versos formales,
te liberas un poco de ti mismo
moviéndote deprisa,
ansiando alcanzar
tus huellas cada vez más decididas,
tu voluntad que persigue
un mundo que imaginas ser ya tuyo.
Tal vez ya lo has soñado
como sueña la vida este milagro que explota
con olor de primavera
y ya huele a esplendor sobre la hierba,
a madurez saliendo a borbotones
de una fuente que siempre será tuya,
Óliver querido,
Óliver.
//José Pedro
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