lunes, 30 de marzo de 2009

Felicidades de la tata María

La luz de mis miopes lunas

Con los años he ido perdiendo pluma y peso, pero, aún así, supongo que la escritura es uno de mis fuertes. Cuando pienso en Óliver me pregunto cómo será de mayor, con unos años más, cuando tenga los míos y yo doble su edad. Muchas veces me sorprendo pensando en cuántas cosas podrá enseñarle su tía, en todo lo que van a compartir juntos. También pienso: ¿qué le gustará? ¿qué aficiones tendrá? ¿para qué se revelará único? ¿qué temas llamarán más su atención? ¿cómo hablará, qué personalidad desarrollará, cuáles serán sus habilidades? Y, ¿a quién se parecerá? ¿por quién se dejará influir? ¿le gustará hablar, pasear, escuchar música, tocarla, salir por las noches o hacer senderismo? Son tantas las preguntas, que aún sus avances de gigante dejan espacio para las ganas de verlo crecer rápido, ir conociéndolo poco a poco...Escribir al pequeñín es aún algo abstracto porque, por supuesto, él no va a entender nada, es demasiado pequeño aún, pero llegará un día en que querrá releer las cartas y canciones que todos le fuimos escribiendo, mientras esperábamos que se hiciera mayor.Al mismo tiempo, las cartas ahora las leen los padres, lo cual no deja de ser un ejercicio interesante y curioso. Hasta enigmático, diría yo. Me hallo escribiendo a mi sobrinito, al que conocí tan sólo un año atrás (por foto) y que aún no puede entenderme, pero, aún así, le escribo con la intención de que su madre (tú, que lees) se lo lea en voz alta, le divierta y familiarice con mi ritmo, la cadencia de unas letras estampadas en papel; con la intención de que su progenitora perciba el cariño que siento hacia él desde que sus ojos fotogénicos se cruzaron con los míos y, por último, para decirle a la pequeña familia al completo, ya que sin ellos mi pequeño sobrinito, la luz de mis miopes lunas, no existiría, que los quiero mucho. Y que con unos deditos como los suyos, unas aceitunas por ojos y una vida que no cabe en cien corazones, las penas son menos penas y las miserias se convierten en bagaje.
Feliz primer cumpleaños, Óliver!

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