

Debido a un despiste inexplicable, hemos llegado al curso de natación para bebés una hora tarde cuando ya no había nadie. Por suerte, la monitora se apiadó de nosotros y habilitó el jacuzzi para los tres. El baño de burbujas en realidad se hace en la tercera clase, cuando ya están un poco más acostumbrados al agua, pero a Óliver le ha encantado y nosotros nos hemos relajado un rato.





