jueves, 19 de junio de 2008

Una vida lo que un sol vale


Se aprende en la cuna que en el balbuceo de un niño suenan estas letras:

La tía ha venido a verme.
Espero que mis padres me pongan guapo.
Y que hagan bien los honores.
Procuraré portarme como un bebé de tres meses (¡aún no los he cumplido!).
Intentaré hacerla reír.
Le haré los mohines que tanto gustan a los mayores.
La embaucaré con mis nuevos ruiditos.
Y dibujaré en ella una sonrisa permanente.
Así,
me
echará
siempre
de
menos.
Y regresará.

Con Óliver en Suecia, no hace falta que el sol salga cada mañana.

//María

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gua, gua. Pjjjjjshhh... baaah!
Te echo de menos tata. Gracias por tu visita uuueeeeh...

Anónimo dijo...

¡Me ha escrito Óliver! ¡Sólo a mí! Jo... (Gracias, Mónica!).