
Y al fin se hizo la luz. Amaneció
al traspasar del túnel la frontera.
Todo fue tan distinto al salir fuera
que se sintió un apátrida...y lloró.
No podía ver los rostros, sólo oyó
voces, pasos, tumultos en la espera
de algo que aún no sabía lo que era.
Dentro estaba seguro, ahora ya no.
Sufrió hasta que unas manos al azar
le dejaron en vientre conocido.
Allí le confortó el calor de nido,
el tacto de su madre, el palpitar
del mismo corazón antes sentido.
Estaba al otro lado...¡Había nacido!
(Ya sólo le faltaba echar a andar)
Por: José-Pedro Vegas
armado caballero y paladín del recién nacido,
eso que, con otras palabras, llaman "abuelo"
al traspasar del túnel la frontera.
Todo fue tan distinto al salir fuera
que se sintió un apátrida...y lloró.
No podía ver los rostros, sólo oyó
voces, pasos, tumultos en la espera
de algo que aún no sabía lo que era.
Dentro estaba seguro, ahora ya no.
Sufrió hasta que unas manos al azar
le dejaron en vientre conocido.
Allí le confortó el calor de nido,
el tacto de su madre, el palpitar
del mismo corazón antes sentido.
Estaba al otro lado...¡Había nacido!
(Ya sólo le faltaba echar a andar)
Por: José-Pedro Vegas
armado caballero y paladín del recién nacido,
eso que, con otras palabras, llaman "abuelo"
2 comentarios:
Muchas gracias al armado caballero y paladín por ayudarnos a expresar emociones inexpresables.
Qué hermoso, literatura dilatada en ocho centímetros. Gracias por ello.
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